VIII Camino · El Legado

Ocho Caminos ya. Y cada vez que empiezo uno nuevo me pregunto si de verdad será distinto. La respuesta siempre llega andando.

El octavo no fue un número más. Fue un recordatorio de todo lo que ha cambiado y de todo lo que permanece. De quién empezó el primero, de quién ya no camina conmigo físicamente y de quién sigue marcando el paso a mi lado.

El Camino tiene algo curioso: te habla del presente, pero siempre te obliga a mirar atrás. Y este, más que ninguno, me habló de Legado.

Para mí, hacer El Camino De Santiago va mucho más allá de caminar y ver sitios. De hecho, es casi lo secundario. Hacer El Camino es estar en paz con el tiempo. Cogerlo con fuerza y decir: eres mi tesoro y te voy a proteger. Pase lo que pase, hay que seguir haciendo el camino.

La vida es un fiel reflejo del Camino: se empieza en un punto… hasta llegar a la meta. A veces son caminos más cortos, otras más largos, otros más sencillos y otros más complicados pero… hay que seguir avanzando siempre y, aunque haya un objetivo, lo importante es la transición hasta alcanzarlo, lo importante son los pasos, no la meta. Como (debería ser) en la vida.

La gran diferencia con las etapas y los pasos de la vida y los del Camino es que en éste, el ser humano está libre de todo lo que realmente sobra no sólo para decir «pues vivo», sino para decir «pues estoy viviendo». A mí hacerlos me reconcilia con nuestra especie y me llena de paz. Los valores que deberían reinar en la vida están presentes en cada paso del Camino. No importa quién calza las botas, de dónde venga y lo que atesore: es un peregrino/a y allí somos todos iguales. Hay un respeto al espacio, a la intimidad, hay un valorar el esfuerzo y no el aspecto que es verdaderamente precioso.

Ojalá ese «buen Camino» que nos deseamos entre peregrinos fuera así de sincero en nuestro día a día, porque respiraríamos todos mejor.

Y sí, como todo lo que a uno le hace sentirse bien/le da placer, es adictivo. Es tal la magnitud de ese gerundio del verbo vivir que cuando acabas sólo puedes pensar «a ver cuándo puedo volver». Por eso es igual de importante esta actitud en la vida: no sabemos si podremos volver al camino y a la vida, al menos de momento, parece que tampoco volvemos cuando llegamos a meta. Así que no hagamos camino: SINTAMOS EL CAMINO.

En este pequeño vídeo resumen que os dejo, plasmo un poco lo que ha sido mi octavo camino (de nuevo Francés). Salí de Frómista el 9 de enero y llegué el 27 a Santiago (450kms con dos objetivos de escritura cumplidos).

Os resumo que, menos uno, siempre he hecho el Francés (por el momento), porque está más preparado para vivirlo con mis ángeles de la guardia, con mis perras. El primero lo hice desde Sarria en julio de 2016 con Nala. El segundo lo hicimos los cuatro desde Astorga en mayo de 2018 (Nala, Zuri, Saúl y yo). El tercero lo hice con Zuri en abril de 2019 desde Pedrafita Do Cebreiro. El cuarto fue nuestro «Cuarto por Cuatro» desde Sarria en agosto de 2020, Zuri, Saúl y yo en homenaje a Nala que el 13 de agosto nos cambió de dimensión. El quinto lo hicimos Zuri y yo desde Ponferrada en 2022 (pero Otto y Saúl se sumaron tramos). El sexto fue CAMINO PRIMITIVO desde Grandas De Salime con Zuri en abril de 2023. El séptimo fue desde León en febrero de 2024, «El Camino De Dragonas» que tenía que haber hecho con Zuri pero que dos meses antes un linfoma nos la arrebató con ocho años. Y este octabo, enero 2025, lo hice sola, para poder escribir ese Legado De Una Dragona. Y sí, si todo va bien, en 2026 me haré el noveno con la pequeña Phoebe que ya será una adolescente aventurera preparada. De (casi) todos los caminos hay vídeos en mi canal de YouTube como recuerdo, principalmente, y con los alojamientos puestos.

Y sí, por supuesto: la mochila emocional es la que más pesa y cuando al llegar a ese Obradoiro notas que va más ligera cuando salió con las mismas cosas materiales que empezó… Es porque en ese camino has estado viviendo.

Hay quien piensa que el Camino termina en la Plaza del Obradoiro. Yo cada vez tengo más claro que no. El Camino se queda viviendo contigo después.

Ocho ya. Y mientras pueda caminar acompañada, seguirá siendo el mismo ritual que empezó sin saber que se convertiría en tradición.

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